Violencia sexista contra las mujeres
      es un artículo de Begoña Zabala incluido en el libro EUSKAL BORROKA FEMINISTA aurrera!!
      publicado por Egizan en 1999; pp.65-80.


      VIOLENCIA SEXISTA CONTRA LAS MUJERES

      La pasada noche escuche un grito
      fuertes voces detrás de la pared
      otra noche de insomnio para mí
      "no es bueno llamar a la policía
      siempre llega tarde
      si es que viene

      Y cuando llegan
      dicen que no pueden interferir
      en problemas domésticos
      entre un hombre y una mujer
      y cuando se van
      las lágrimas aparecen en los ojos de ella.

      La pasada noche escuche un grito
      luego un silencio que estremeció mi alma
      rece porque fuera un sueno
      cuando vi la ambulancia en la calle.

      Y el policía dijo
      "estoy aquí para guardar la paz
      cuando la multitud se disperse
      podremos dormir".

      Tracy Chapman

      INTRODUCCIÓN

      Voy a seguir puntualmente el esquema propuesto por las organizadoras, que me parece perfecto, para introducir algunos de los debates que están en boga sobre el tema de los malos tratos a las mujeres o de la denominada violencia doméstica. Así, en primer lugar, trataré de hacer un diagnóstico de la situación, para después adentramos en la causas por las que se producen las agresiones, y finalmente comentaremos qué posibles soluciones existen para que no se produzcan las agresiones a las mujeres.

      Antes de iniciar el tema, propiamente dicho, de malos tratos, permitidme que salude de forma positiva esta iniciativa de Egizan, desde una organización como la mía, "Emakume Internazionalistak", que en este año del 500 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ha estado muy atenta a todas las actuaciones que han tenido que ver con los derechos de las mujeres. Ahora es realmente el momento de hablar, y con mucho énfasis, de las agresiones a las mujeres: Desde el ámbito de los derechos humanos, donde no está recogida la agresión sexista como una violación de los mismos; y también desde el ámbito de la paz en Euskal Herria. No cabe duda de que vivimos momentos muy importantes en Euskadi. La sociedad entera está debatiendo sobre cómo podemos construir una sociedad más justa, más igualitaria, más plural, más euskaldun, más libre,… Y, sobre todo, se está hablando del cese de la violencia. Pero sólo se habla de una violencia, de la llamada violencia política. A nosotras nos gustaría introducir un concepto más amplio de violencia: ¿porqué no hablar de la violencia sexista?. Sin duda existe y de forma muy importante en nuestro mundo. Es, además, una violencia que atraviesa nuestra sociedad con parecida o más virulencia que otras violencias. Y más aún. Tenemos que hacer, desde las mujeres sobre todo, una lectura de género de la violencia política. Todo este proceso de represión y violencia en Euskal Herria tiene una lectura de género: hombres y mujeres sufrimos y vivimos de diferente forma esta situación. Pero a la hora de la "paz" vemos, con cierto resquemor, que los protagonistas son fundamentalmente los hombres, que la violencia de la que se habla, es la sufrida en términos de "guerra" por ellos, que de las mujeres, poco o nada se habla,… que los protagonistas de los actos, de los acuerdos, de las firmas, de los homenajes.... son fundamentalmente varones. Queremos construir una Euskadi libre y en paz, pero como tantas veces hemos dicho, "no a una guerra que nos mate, ni a una paz que nos oprima"

      Realizada esta pequeña dísgresión, vayamos al trapo.

      DIAGNOSTICO

      Comprada! Comprada como el ganado
      por trece duros de plata!

      ¡Poder de la fuerza bruta, por el poder sancionada!
      La mujer... ¡un enser más del macho y la sociedad
      por el macho gobernada

      Ataduras a perpetuo para vivir siempre atada.
      Raíz de una economía, porque el que compra es el amo
      y yo la cosa comprada.

      ¡Impotencia de lo absurdo porque es la ley la que manda!
      para dormir con un hombre con el hilo de la ley
      tengo que coser mi almohada.

      Aunque el amor se haya muerto queda la razón social:
      los gananciales, la dote...
      ¡Todos los firmes pilares de la unión matrimonial!

      Sucio destino vivir a la ley del hombre atada.
      Raíz de una economía porque el que compra es el amo
      y yo la cosa comprada.

      (Marisol. "Galería de Perpetuas. Canción para mujeres")

      Las preguntas más frecuentes que se nos hacen desde los medios de comunicación se refieren a cuántas agresiones se producen, si son más o menos que antes, cuánto han aumentado, si se castigan más, si se denuncian más, si se mata mas En este afán por cuantificarlo todo, lo que importa sobre todo es el número. Tenemos algunos datos, facilitados en su mayoría por las instituciones judiciales, policiales, y de mujeres.

      Se refieren, por ejemplo, a que en el año 1997 fueron asesinadas 91 mujeres en el ámbito de sus relaciones familiares, por su maridos, ex-maridos, compañeros, novios, ... En el año 1996 fueron 97, y 65 en el 1995. Los datos del años 98 rondan las 87 muertes. Las denuncias por malos tratos en este ámbito, en el año 97, se elevaron a 24.000 en todo el Estado español. Si nos referimos a la Comunidad Autónoma Vasca, se presentaron en ese mismo año 1.239 denuncias, que engloban, tanto los malos tratos familiares como las agresiones sexuales en todos los ámbitos.

      De los datos, también de la Comunidad Autónoma Vasca, se obtiene que el número de denuncias en los últimos años, ha aumentado considerablemente, en concreto, en el último año, un 26%. Y dicho incremento de denuncias es generalizable a todo el Estado español.

      La pregunta que asola los medios de comunicación es clara ¿se dan más agresiones a las mujeres?. ¿El efecto de la denuncia, como han señalado algunos personajes, tiene efectos de imitación en algunos hombres, que a la vista de lo que aparece en los medios agredirían más a las mujeres?.

      Vayamos por partes a analizar este tema de los números.

      En primer lugar cabe señalar que estamos hablando de los números de denuncias presentadas ante organismos judiciales y policiales, pues lógicamente son los únicos datos a los que se pueden tener acceso, y en ningún caso se refiere a los casos reales de agresiones que se producen, muchísimos de los cuales no son denunciados. En general, para todo tipo de delitos se señala que la cifra oculta de la delincuencia puede situarse en un 90% de los casos, es decir que únicamente se denuncian un 10% de los supuestos que pueden ser delictivos.

      En el campo de las agresiones o malos tratos a mujeres en su hogar, esta cifra tiene que ser aún más disminuida, ya que por las circunstancias en las que se produce todavía se tiende a denunciar menos: no hay una conciencia muy extensa de que sea delito, no hay confianza excesiva en que el judicial sea el camino para solucionar estos temas, se disuade a las víctimas de presentar denuncias, pues raramente se tienen testigos o pruebas.... Es por esto que hablar del número de denuncias presentadas por malos tratos, nos puede suponer multiplicarlo por 10 ó 12 para llegar a cifras más o menos reales. Esto en todo caso es una apreciación que nos puede servir para situarnos en que la agresión a las mujeres o el maltrato familiar es un caso relativamente frecuente y se da en números bastante altos.

      A la vista de estos números, y de las apariciones en los medios, nos preguntamos cómo está la situación, pero no de manera estática, sino analizando las tendencias que se están produciendo, sobre todo comparando con la situación de inicios de los 80 que fue cuando desde el movimiento feminista iniciamos una auténtica pelea para denunciar las agresiones. Y así señalamos los siguientes puntos

      1. Número de agresiones que se producen

      Yo no soy partidaria de entrar en una guerra de números, ni de tremendizar los datos, como si los datos que tenemos fueran insuficientes y tuviésemos que exagerarlos para tocar los corazones del personal. Máxime cuando se observa cierto morbo por parte de los medios, sobre todo de las teles, que se regodean en el cómo, cuántas veces, qué lesiones, qué secuelas... Sencillamente los datos que hemos dado son lo suficientemente graves como para decir ¡Basta ! y luchar con todas nuestras fuerzas para que no se produzcan más agresiones a mujeres y para que se pongan todos los medios posibles para que puedan defenderse de las agresiones.

      2. Número de denuncias

      Evidentemente el número de denuncias, por agresiones y por asesinatos a manos de cónyuges, amantes, etc. ha aumentado. Y ello es un síntoma favorable. No porque supone que haya más casos de malos tratos, sino sobre todo porque supone que se está denunciando más, en el sentido de publicitar las agresiones, y eso ha sido y sigue siendo parte de nuestra campaña fundamental: Mujer no calles, denuncia a tu agresor. Mujer no sufras en silencio, busca la solidaridad... Podemos decir que a diferencia de los 80, ahora hay más conciencia de que se puede luchar contra las agresiones, de que existen mecanismos para denunciar, aunque sean limitados, de que la solidaridad y apoyo entre las mujeres desde las casas de ayuda, asesoría, etc. está funcionando de alguna manera. Conocer que hay muchas más denuncias por malos tratos y asesinatos a mujeres es muy doloroso, pero lo realmente doloroso es saber que está pasando, y pasa en silencio.

      3. Rechazo a los grados más extremos de la agresión

      No cabe duda de que a finales del siglo XX, esto que llamamos sociedad, tiene más sensibilidad frente a las agresiones, y rechaza con bastante fuerza las formas más duras de las mismas. Hoy no es de recibo decir que a una mujer se le puede pegar porque no asume su papel de estar en casa o en aras a la capacidad correctora del jefe de familia.

      Es verdad que hay un discurso oficial, de lo políticamente correcto, que rechaza muchas formas de violencia física explícita. Y aunque ello lleva grandes dosis de cinismo y limitación, ya que no se rechazan otras formas de violencia más sutiles o difíciles de apreciar, o no se ponen medios para terminar con la violencia, o se utilizan unas imágenes de las mujeres que casi directamente incitan a al agresión, es un paso adelante en el consenso social sobre el rechazo de la agresión.

      Cuando empezamos las campañas contra la violencia sexista, hace más 20 años, teníamos que decir que había mujeres a las que agredían sus maridos o amantes, y que eso había que denunciarlo. Tuvimos que luchar contra los organismos policiales y judiciales que decían: "no denuncies, es una cosa privada, no se puede demostrar, te pegará más, si te pega algo habrás hecho..."; contra las instancias eclesiales, que como siempre tenían un bien superior que proteger "la familia", y por ese bien abstracto del amor familiar, exigían resignación y silencio a las mujeres, sufrimiento y sacrificio que florecería en redención... y sobre todo perdón y aguante que es la base de la sumisión que nos proponen; contra las instancias familiares de amistad, que, o bien no querían inmiscuirse en situaciones privadas, o bien justificaban las agresiones, pues es moneda corriente el maltrato, o bien buscaban justificaciones a conductas agresoras, como los nervios, el alcohol, el paro, la situación política; contra la legislación, civil penal y canónica, que imposibilitaba la separación y prohibía el divorcio, o acuñaba el débito conyugal y bendecía la violación dentro del matrimonio, o simplemente no contemplaba el delito de los malos tratos...

      Hoy el tema de las agresiones está situado en la agenda de la política y es unánime el rechazo. Este, aunque las más jóvenes no lo creáis mucho, es un gran paso. Ello no quita para seguir dando muchos más, es más, nos da más fuerza y nos hace más críticas con el discurso falaz de los detentadores del poder.

      4. Existencia de algunos recursos, aunque sean mínimos, para las víctimas.

      Existen funcionando asesorías especificas para mujeres, centros de urgencias, centros de acogida, residencias temporales, ayudas económicas especiales, asistencia jurídica gratuita.... Y cuidado No las despreciemos tan olímpicamente, pues con las políticas de la derecha ya sabemos que son las primeras que desaparecen o que disminuyen. Dentro de estos recursos, también incluiría algunas medidas legislativas importantes por la penalización del maltrato en el hogar, aunque esté muy mal y limitadamente tipificado, la desaparición del perdón en los delitos de agresiones sexuales, así como su cambio de denominación, la existencia de una legislación divorcista, etc.

      Y no sólo nos referimos a ayudas desde las instituciones, sino a ayudas que parten de redes, de mujeres, de organizaciones, de solidaridad y coleguismo,... que nos sitúan a las mujeres en mejores condiciones psicológicas y de autoestima para afrontar esta lucha, que sin duda es agotadora, y sí no se tienen esos medios, más frecuentemente terminan con la víctima que con el agresor, como hemos podido lamentablemente comprobar con los asesinatos de tantas mujeres.

      Estas limitaciones no nos tienen que llevar a rendirnos y pasar a despreciar las medidas que existen, sino a pedir más y sobre todo que sean más eficaces.

      5. Los que asesinan son frecuentemente ex-cónyuges, ex-amantes, ex-familia.

      A mi esta nueva característica de las agresiones me parece altamente significativa. Se están produciendo muchos asesinatos a manos de ex-cónyuges, contra mujeres que ya se han rebelado, que han denunciado, que ya se han separado... Lo que quiere decir que no estamos hablando de violencia intrafamiliar, de mujeres sumisas que soportan todo... Se está produciendo una violencia sexista, en los más altos extremos de la agresión, porque las mujeres han dicho basta y han puesto los medios suficientes para no aguantar más agresiones. Esto es un dato nuevo y yo creo que significativo. Además es mucho más fácil de prevenir y evitar si se ponen los medios suficientes por parte de las instituciones. Las mujeres se rebelan, y por eso precisamente son agredidas. Este es un dato clave también para analizar el carácter que tienen las agresiones sexistas y las causas de que se produzcan. Yo creo que clarifica mucho cuál el papel que juega esta violencia de corrector esencial de las conductas que no se ajustan al papel asignado a la mujer y que por tanto no puede ser confundido con otras violencias que se producen en el ámbito familiar a menores, ni con circunstancias que agravan o desencadenan la agresión, pero no la producen, como pueden ser el alcoholismo, la locura...

      Y visto estos puntos, que han sido apuntes para un diagnóstico, nos llevan al segundo tema

      LAS CAUSAS

      Salud, Juan: Me alegraré que al recibo de estas letras
      te encuentres bien de salud, yo estoy bien por la presente
      aunque metida entre rejas.

      Flamenca de cafetín sin guitarra y pañolón,
      tengo de lo que canté tal vergüenza que estoy roja
      como un clavel reventón.

      Si maté al Pijas un día, que el Pijas descanse en paz.
      Son mis cantares de entonces, a dos sesiones diarias
      los que no puedo olvidar.

      ¿Cómo quieres tú que olvide aquello que yo decía
      de que el hombre tié razón y la mujer es la esclava
      pa servirlo de por vía?

      ¿De que cuanto más me pegue más lo tengo que querer?
      ¿De que cuando me chafara yo le daría en mi boca
      canela, limón y miel?

      Por eso te digo, Juan que pa mí, cumplo sentencia
      por aquello que canté robándole a la mujer
      su dignidad y su vergüenza.

      Le dirás a la Manuela que me cuide de la niña.
      Y pa ti, Juan lo que quieras, que estoy pegadita a ti
      como el sarmiento a la viña!

      Y sin más por la presente aquí quedo prisionera.
      Recibe muchos abrazos de esta que lo es y firma
      Dolores la Petenera.
      Remite: Dolores Sánchez.
      Galería de Perpetuas. Prisión de Alcalá de Henares

      (Marisol. "Galería de Perpetuas. Canción para mujeres")

      A la hora de hablar de la causa de las agresiones, tendríamos que hacer referencia a que existen muchas causas, y a que varías de ellas se entrecruzan y conviven en una relación, y son las que desembocan en la producción de las agresiones. No son siempre las mismas, ni tienen porqué operar de igual forma en los casos concretos.

      Además de hablar de las causas más estructurales y globales, que hacen referencia al sistema de dominación de los hombres sobre las mujeres, que veremos después, hay que hablar de las causas concretas por las que un hombre particular agrede a una mujer, hasta llegar a matarla, dándose la paradójica circunstancia de que predica, además, que precisamente esa mujer es la persona a la que más ama en la vida, y además que lo hace por eso, por amor.

      En general la agresión se produce por parte del hombre hacia la mujer para que ésta asuma el papel que él le ha asignado en su relación y en su vida. Opera en estos términos como cualquier violencia ejercida desde un poder que desea no sólo perpetuarse, sino que los demás lo toleren y lo acaten.

      A la hora de hablar de los agresores concretos, yo no creo, en contra de una opinión bastante generalizada, que existen estereotipos. Es decir, no hay un estereotipo de hombre con características subjetivas determinadas, que le lleva a agredir a una mujer. En este sentido rechazo un modelo de agresor, como el que por ejemplo, definía el actual defensor del pueblo Alvarez de Miranda, que daba las siguientes características:

      • Incapacidad para tolerar frustración o situaciones de gran estrés.

      • Incapacidad para aceptar responsabilidad por sus actos

      • Son estrictamente celosos

      • Temen que su esposa los abandone y tratan de evitarlo por medio del temor

      • Se sienten en situación de poder y quieren conservarla

      • Fueron a su vez maltratados o sufrieron negligencia de niños

      • Utilizan el sexo como un acto de agresión para sobreponerse a la impotencia o bisexualidad

      • Tienen dificultad en reconocer o describir sentimientos

      • A menudo presentan doble personalidad: amorosos y violentos.

      • Son tradicionales: creen en la supremacía del hombre y en los roles estereotipados

      • Mantienen una relación de intensa dependencia con la víctima

      • Utilizan el alcohol como excusa para agredir: no agreden a causa del alcohol

      • Han vivido en un ambiente donde es normal agredir a la mujer

      • Tienen una baja autoestima y necesitan validar su ego

      • Creen que es el hombre el que tiene el poder

      • Nunca piensan que tienen un problema, no creen que su conducta tenga consecuencias negativas

      • Tienen problemas de índoles sexual (miedo a la impotencia)

      • Aíslan a su pareja para controlarla.

      • Han tenido en muchos casos problemas previos con la ley

      • Niegan haber agredido

      (Fuente: El País)

      Como podemos ver, o estas características se dan algunas en algunos casos, con lo cual no nos sirve para nada como perfil, o si se dan todas a la vez, ante semejante "monstruo de las galletas", cualquiera pone tierra por medio.

      Analizar las personalidades del agresor y de la agredida, y cómo reacciona cada quien, es una análisis más complejo y sobre todo menos uniforme. En todo caso no nos sirve para prevenir, ni para atenuar la agresión, pues no depende tanto de su personalidad, ya que agreden todo tipo de personalidades, sino de las relaciones de poder que colocan a los hombre en una situación de predominio frente a las mujeres.

      Más interesante, a mi entender, es hacer un análisis funcional del agresor y de la agredida, y situar porqué este hombre agrede y porqué la mujer soporta la agresión y el papel que juega ésta, es decir, para qué se agrede. Esto, a mi modo de ver, poco o nada tiene que ver con particularidades personales o vivencias subjetivas y más con las relaciones de poder que se dan en las relaciones entre los hombres y mujeres.

      Pondré un ejemplo parecido para ver si explico bien lo que quiero decir. En el caso, por ejemplo, de la tortura, que se produce en comisarías y cuarteles, yo creo que tenemos muy claro que es el típico delito que no se comete, fundamentalmente, por que el torturador es un sádico, o un sin-escrúpulos, o un degenerado... aunque no cabe duda de que muchos lo son, eso y muchas más cosas. Sí analizamos en el supuesto de la tortura porqué se produce esencialmente, tendremos que situar los elementos que funcionan:

      Por un lado tenemos un policía, o varios, armados, en sus locales, sin ninguna vigilancia que los vigile o autoridad ajena a su cuerpo que los controle, sin testigos "terceros", con sus colegas de cuerpo, cumpliendo con su deber de detener al delincuente, "terrorista" o lo que sea, del que tiene que obtener una información importantísima para la persecución del delito, a quien tiene a su disposición aislado, durante varios días. Está en un lugar al que no va a entrar nadie que no sean sus compañeros.

      Enfrente, tenemos a una persona detenida, sin armas, por supuesto, esposada o inmovilizada, sin libertad de movimientos, calificada como delincuente, que probablemente en algunos casos ha cometido algún delito bien grave, sin su abogado, sin su familia, sin sus amigos... que tiene una información o se piensa que la posee, cuando menos su propia confesión, que al policía le es imprescindible.

      Entre estas dos personas, que se convertirán fácilmente en torturador y víctima, o agresor y víctima, la relación que existe es de poder: el poder que dan las armas, la legislación antiterrorista, la comisaría, el aislamiento, la falta de pruebas, la privacidad, la convicción social y el consenso de que el policía cumple con su deber y el delincuente es "basura" que casi no tiene derechos.

      Es éste el típico delito que se produce, casi pura y simplemente por las relaciones de poder que existen y por el aislamiento del lugar donde se produce el delito. Esto es muy importante detectarlo bien, pues para evitar que se produzcan este tipo de delitos, lo fundamental es desmontar las relaciones de poder, y para eso primero hay que detectarías claramente.

      Así, entendido, y pensando que vamos a analizar las relaciones de poder que se dan entre una hombre y una mujer, señalaría algunas características del agresor:

      HOMBRE. Ya sé que es bastante obvio el decirlo, pero últimas tendencias, modelo de gentes de la derecha y de "buenas voluntades" que luchan contra la violencia venga de donde venga, empiezan a introducir el concepto de violencia familiar o intradoméstica, apareciendo como maltratadores por igual hombres o mujeres, aunque con diferencia de intensidad. Así, ahora empieza a ser frecuente que las estadísticas policiales nos aparezcan con titulares de: 91 mujeres y 23 hombres murieron a manos de sus cónyuges en 1997, (tomado de El Mundo) descalificando así el carácter sexista de la violencia contra las mujeres, y hablan de violencia "conyugal", apareciendo la neutralidad como más igualitaria, cuando lo que hace es ocultar la realidad. O también aparecen los malos tratos a niñas y niños en el ámbito familiar, unidos a las agresiones conyugales, dentro del cajón de sastre violencia familiar, donde cualquiera puede ser la víctima.

      Y que es un hombre el agresor quiere decir que biológicamente es un varón, y que pertenece al género masculino con todos los atributos que ello conlleva en nuestra sociedad. Entre otras cosas quiere decir que es la referencia, por ejemplo, lingüística por excelencia, y siempre que se hable de toda la humanidad, hombre y mujeres, bastará con que se refieran a EL, y así siempre se sentirá aludido, no pensará que es un genérico; que es también la referencia religiosa esencial, y siempre que se mente ese mundo EL tiene identidad de género con el máximo poder: Dios, los tres dioses, el Papa, los obispos....; que es la referencia política esencial y cuasi única, perteneciendo en un 99% al mismo sexo y género que EL todos los personajes políticos que protagonizan nuestra diaria historia;

      Todo esto, queramos o no, supone que el agresor pertenece a esa parte de la humanidad a la que se le ha conferido el PODER con mayúsculas, que es la base que va a operar para que luego pueda usar y abusar del poder con minúsculas, que es el que tiene en las relaciones con las mujeres, y más concretamente con "su mujer".

      MARIDO, AMANTE, NOVIO. El agresor del que estamos hablando, es el que agrede en el ámbito familiar, no es cualquier hombre en relación a la mujer que agrede, sino que precisamente es su marido o amante. Y esto si que cualifica y caracteriza al agresor. Lo importante es que esas agresiones se dan en esta institución, la institución por antonomasia para el amor y la felicidad, que es la familia. Precisamente en el paradigma del "amor" se da la máxima agresión. Y cuando se da fuera ya del entorno familiar, y los agresores como hemos señalado son los "ex", se da precisamente por lo que fueron y por lo que quieren seguir siendo y manteniendo: por recuperar el poder que tenían en la familia y sobre su esposa.

      El tema de que son sobre todos los "ex" los que llegan a matar a sus mujeres, tiene su explicación, porque la agresión a las mujeres, no se trata de una agresión "por odio", sino "por amor". Por eso, si las mujeres asumen el papel y siguen siendo lo que los hombres quieren que sean, no necesitan ser asesinadas, pues precisamente lo que el agresor quiere es que cumplan ese papel. Pero cuando osan dejar de cumplir el papel, es decir, cuando al marido se le va a quitar el poder de dominar a la mujer, porque ella sencillamente se va a otro sitio, entonces entra en juego otro mecanismo: Nadie puede cuestionar el poder del marido y se llega a producir el asesinato.

      AUTORIDAD Y PODER DE LA FAMILIA. El que nos agrede, además de ser el hombre al que más se quiere y que más amor nos proporciona, EL es la autoridad, el jefe de la familia, el cabeza de familia, el que trae el dinero a casa, el que provee a la familia de medios, el que distribuye el dinero, el que ejerce la representación de la familia, el que tiene el prestigio político, social, religioso.... Y todo ello está apoyado en muchísimos casos por la legislación, o las normas sociales y religiosas de conducta, o la costumbre. Hasta el año 1975, en nuestra legislación la mujer casada era considerada incapaz para prestar su consentimiento en los negocios jurídicos, junto a los locos y menores de edad, y era el marido el que prestaba su "auctoritas" para que la mujer pudiese realizar cualquier contrato. Esto es importante señalarlo, porque no se trata únicamente de que la mujer sea incapaz, o tenga poco poder, sino que no lo tiene en favor del marido que tiene más poder y lo tiene sobre ella.

      ACTÚA EN EL ESPACIO PRIVADO. El lugar privado en el que actúa el hombre, paradójicamente es el que le va a proteger y a dar más poder. Aunque siempre se ha pensado que las mujeres donde realmente "reinan" y donde mandan es en el hogar, hay que señalar que es aquí donde precisamente está en una situación desventajosa frente al hombre, y además con imposibilidad de encontrar "ayuda" pues la excusa de la privacidad y la intimidad es a menudo una barrera muy frecuente que invisibiliza y aísla la agresión.

      En general, yo creo que son estas características las que definen al agresor: lo es por la función que cumple y el papel que asume. Y ojo! esto no quiere decir que el agresor, por ello, no es culpable o responsable de lo que realiza, sino que difícilmente un hombre que asume el papel de "paterfamilias" con el poder que conlleva, va a renunciar a ejercitar la violencia contra su mujer para que ella también cumpla el rol que le es asignado.

      Lógicamente, estas situaciones de poder de los hombres sobre las mujeres en el ámbito de las relaciones conyugales o familiares, no se dan porque los hombres individualmente han ido ganando posiciones de poder en este ámbito y lo ejercitan cada día. Si esta materialización concreta del poder masculino se da así y en el ámbito familiar, entre otros, también tiene que ver con las grandes causas de la opresión de las mujeres, con las causas que hacen que todas las mujeres del mundo sufran y vivan en una situación de desigualdad respecto a los hombres, que además de desigual es discriminatoria e inferiorizada para las mujeres, y además de esta situación se benefician en general y en particular los hombres, además de otras instituciones.

      Sí los hombres siguen agrediendo y dominando a las mujeres en su espacio de relación íntima y amorosa y éstas lo soportan, lo aguantan, se resignan, tienen esperanza en que cambie,... es, además de lo visto, porque el tejido económico y social refuerza también esta posición de poder de los hombres y des poder de las mujeres, y se encargan muy bien de justificarlo ideológicamente y de transmitirlo

      Como hemos comentado más arriba, es cierto que en estos momentos hay una opinión generalizada de que la agresión a las mujeres es grave, es un delito, es detestable y es condenable. Pero el consenso sólo llega hasta las formas de la agresión. Y hay que señalar que la violencia y la agresión es un proceso, que puede terminar en el asesinato, pero que empieza en formas muy sutiles que en general no solamente no son condenadas, sino que son aplaudidas: Este es el reto más importante de ahora: desvelar las formas de agresión más sutiles y psicológicas, que son además las que minan la autoestima de las mujeres y les impide salir de su situación.

      Y pasamos ya al último punto que nos situaría frente a lo que podemos hacer frente a las agresiones.

      MEDIDAS CONTRA LA VIOLENCIA SEXISTA

      ¡Que se acabe el silencio! ¡Que se acabe!
      ¡Que se caigan los muros de las casas, las cárceles, las calles!
      ¡Que se acabe el silencio! ¡Que se acabe!
      Que las vergüenzas mueran antes de nacer,
      Que el ruido de las voces de mujeres
      apague los horrores del grito cotidiano.
      ¡Que se caigan los muros de todas las cocinas
      donde haya sufrimiento!

      ¡Que se acabe el silencio! ¡Que se acabe!
      ¡Que explote esta normalidad violenta y agresora!
      ¡Que se hundan su familia, sus tribunales
      su Iglesia y su Estado!
      ¡Que despierten un día desnudos de tanta muerte
      y tanta destrucción!

      Para que se acabe el silencio nos hacen falta muchas voces.
      Para destruir tanta mezquindad y privilegios
      son precisas muchas manos,
      manos dispuestas a convertirse en estiletes
      que rompan nuestras cadenas.

      ZUTIK EMAKUMEAK, HAUTSI GURE KATEAK.

      (Primeros encuentros contra las Agresiones a las mujeres. Asambleas de Mujeres de Euskadi)

      En el tema de las medidas que podemos utilizar para que no se produzcan las agresiones contra las mujeres, podemos señalar en primer lugar, que se trata de ensayar un abanico grande y diferenciado de soluciones: desde las soluciones más institucionales y legales, hasta las alternativas desde el movimiento feminista o de los grupos de mujeres; desde las medidas más concretas que operan cuando se ha producido la agresión, hasta las medidas más generales y de concienciación y cambio de estructuras de poder que son las que definitivamente alterarán las relaciones de dominación. No pensamos que son medidas excluyentes, sino acumulativas y además muchas de ellas servirán a un determinado tipo de mujeres y otras no, o no serán utilizadas por algunas de ellas. Lo importante es que haya recursos al alcance de las mujeres. No son de obligatoria utilización, ni siquiera son siempre igualmente de eficaces en todos los casos, pero hay que crearlos, extenderlos y publicitarlos.

      Es por ello que entiendo que no basta con decir que hay que terminar con el sistema de opresión o dominación patriarcal o con la ideología machista, o con la familia patriarcal, para acabar con la violencia sexista. Ya sabemos que sólo unas relaciones igualitarias entre hombres y mujeres son la base de la no existencia de la violencia, pero mientras ésta se siga produciendo, tenemos que paliar sus efectos, se puede luchar para que se produzca menos, se puede plantear que se condene a los culpables,... Así que yo también planteo muchas medidas posíbilistas dirigidas en este sentido. Y fundamentalmente pienso en las mujeres que han sufrido la agresión, y desde ellas y para ellas, y menos desde el campo de los agresores, entre otras cosas porque cada una tiene sus prioridades.

      Cuando una mujer está viviendo un proceso de agresión cotidiana en el hogar, por parte del marido o fuera por parte del ex-marido, esencialmente quiere tres cosas:

      1º. Que cese la situación de la agresión, que ese hombre no la vuelva a agredir. Tomar la solución que sea, pero sin que la agredan.

      2º. Restablecer, en la medida que se pueda, su situación tal como estaba antes de la agresión. Es decir, recuperarse de los daños sufridos, a todos los niveles.

      3º. Que ese hombre no la vuelva a agredir ni a ella, ni a ninguna otra.

      Las medidas que se están planteando desde nuestros grupos tratan de responder a estas tres preocupaciones.

      Medidas institucionales de urgencia: Se trata de que existan todo tipo de medios de "primeros auxilios" para que las mujeres puedan, de forma provisional romper con su situación: Asesorías jurídicas y psicológicas, asistencia médica, refugios y casas de acogida, ayudas económicas de urgencia,... Es decir, todo tipo de servicios y ayudas que van a posibilitar que las mujeres afectadas puedan instalarse de forma provisional en otro espacio, libre de agresiones, y plantearse de allí, una salida.

      Medidas legales de prevención: En muchos casos se ha observado que la lentitud de la justicia o su ineficacia, han posibilitado que se produzcan más agresiones, por lo que damos mucha importancia, a que sin esperar a sentencias se dicten medidas provisionales sobre domicilio, economía, hijas e hijos, prohibición de acercarse el agresor al domicilio, seguimiento y control del agresor, protección de las agredidas, etc.. medidas todas que posibiliten, con la máxima rapidez que la mujer pueda vivir sin tener que relacionarse con su agresor.

      Medidas institucionales para las mujeres: Si una mujer decide separarse, denunciar a su marido por agresiones y vivir su vida, normalmente con sus hijas e hijos y no tiene medios económicos ni ayudas personales, probablemente en breve tiempo no tendrá otra solución que la de volver con su marido. A medio plazo, y esto es lo más difícil, esta mujer tiene que acceder a nuevas formaciones y/o empleos o subsidios, viviendas en condiciones y baratas, servicios sociales para ella y su familia que le permitan vivir de forma independiente. Esto se traduce en programas prioritarios de acceso a empleo y vivienda, a utilización de servicios sociales...

      Medidas de reforma de la legislación vigente, tanto civil como penal. Hay que señalar que con un Gobierno tan de derechas, da bastante miedo introducir modificaciones en un Código Penal ya de por sí bastante retrógrado, y además que no se trata de más años de cárcel para los agresores o cumplimiento de penas en su integridad sin redención, o de introducir nuevos delitos que ya hay bastantes, sino de modificaciones de técnica jurídica, que no exigieran por ejemplo la habitualidad para condenar por malos tratos, procedimientos rápidos y medidas provisionales y cautelares...

      Solidaridad con las mujeres agredidas. Lógicamente la solidaridad no es una medida que reivindicamos frente a las instituciones o al gobierno, sino que es una medida que la planteamos para nosotras mismas. Solidaridad en el amplio sentido de la palabra, que quiere decir que una mujer que va a entrar en un proceso difícil como éste, donde probablemente se va sentir impotente, cuando no directamente acusada o culpabilizada, sólo un acompañamiento solidario puede garantizar una salida con éxito. Y cuando nosotras hablamos de solidaridad, no estamos pensando únicamente en la ayuda individual que se puede dar a este tipo de mujeres desde los grupos o los centros de asistencia, o desde las colegas más cercanas, o desde la familia, sino también de la solidaridad colectiva y reivindicativa que el movimiento feminista y otros movimientos deben prestar. Es la solidaridad que denuncia las agresiones y a los agresores y que responde a cada agresión. Es la solidaridad de un movimiento y de una gente que no solo denuncia las agresiones físicas más violentas, sino la agresión psicológica y sutil, que no está contemplada como delito. Se trata de extender una opinión muy radical en contra de las agresiones, pero desde que se insinúan, desde que se inicia el proceso, desde que se verbaliza la inferioridad de la mujer, desde que se utiliza un lenguaje sexista, desde que se produce una situación de desprecio o discriminación sexista.

      En definitiva, se trata de terminar con la complacencia que se demuestra, sobre todo en los medios de comunicación, con la situación de discriminación y opresión de las mujeres, pues ésta es la que hace la cama ideológica a las agresiones, aunque luego se quieran rechazar los efectos más drásticos de ella.

      Iruñea, 30 de diciembre de 1998.
      Begoña Zabala. Emakume Internazionalistak.

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